Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Asà ‑dijo recalcando las palabras‑, Avdotia Romanovna viene a verte y tú vas ahora a ver a un hombre que dice que hace falta aire, que eso es lo primero… Por lo tanto, esa carta ‑terminó como si hablara consigo mismo‑ debe referirse a todo esto.
‑¿Qué carta?
‑Tu hermana ha recibido hoy una carta que parece haberla afectado. Yo dirÃa incluso que la ha trastornado profundamente. Yo he intentado hablarle de ti, y ella me ha rogado que me callara. Luego me ha dicho que tal vez tuviéramos que separarnos muy pronto. Me ha dado las gracias calurosamente no sé por qué y luego se ha encerrado en su habitación.
‑¿Dices que ha recibido una carta? ‑preguntó Raskolnikof, pensativo.
‑SÃ, una carta. ¿No lo sabÃas?
Los dos guardaron silencio.
‑Adiós, Rodia. Te confieso, amigo mÃo, que hubo un momento… Bueno, adiós… SÃ, hubo un momento en que… Adiós, adiós; tengo que marcharme. En cuanto a eso de beber, no lo haré. Te equivocas si crees que eso es necesario.
ParecÃa tener mucha prisa, pero apenas hubo salido, volvió a entrar y dijo a Raskolnikof sin mirarle: