Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Qué importa que le convenga o no? Si está usted convencido, tiene el deber de hacerlo.
‑Mi convicción no tiene importancia. Hasta este momento sólo se basa en hipótesis. ¿Por qué he de darle una tregua haciéndolo detener? Usted sabe muy bien que esto serÃa para usted un descanso, ya que lo pide. También podrÃa traerle al hombre que le envié para confundirle. Pero usted le dirÃa: «Eres un borracho. ¿Quién me ha visto contigo? Te miré simplemente como a un hombre embriagado, pues lo estabas.» ¿Y qué podrÃa replicar yo a esto? Sus palabras tienen más verosimilitud que las del otro, que descansan únicamente en la psicologÃa y, por lo tanto, sorprenderÃan, al proceder de un hombre inculto. En cambio, usted habrÃa tocado un punto débil, pues ese bribón es un bebedor empedernido. Ya le he dicho otras veces que estos procedimientos psicológicos son armas de dos filos, y en este caso pueden obrar en su favor, sobre todo teniendo en cuenta que pongo en juego la única prueba que tengo contra usted hasta el momento presente. Pero no le quepa duda de que acabaré haciéndole detener. He venido para avisarlo; pero le confieso que no me servirá de nada. Además, he venido a su casa para…
‑Hablemos de ese segundo objeto de su visita ‑dijo Raskolnikof, que todavÃa respiraba con dificultad.