Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Raskolnikof se disponÃa a desandar lo andado, sorprendido de verse allÃ, cuando, de pronto, distinguió en una de las últimas ventanas a Svidrigailof, con la pipa en la boca y ante un vaso de té. El joven sintió una mezcla de asombro y horror. Svidrigailof le miró en silencio y ‑cosa que sorprendió a Raskolnikof todavÃa más profundamente‑ se levantó de pronto, como si pretendiera eclipsarse sin ser visto. Rodia fingió no verle, pero mientras parecÃa mirar a lo lejos distraÃdo, le observaba con el rabillo del ojo. El corazón le latÃa aceleradamente. No se habÃa equivocado: Svidrigailof deseaba pasar inadvertido. Se quitó la pipa de la boca y se dispuso a ocultarse, pero, al levantarse y apartar la silla, advirtió sin duda que Raskolnikof le espiaba. Se estaba repitiendo entre ellos la escena de su primera entrevista. Una sonrisa maligna se esbozó en los labios de Svidrigailof. Después la sonrisa se hizo más amplia y franca. Los dos se daban cuenta de que se vigilaban mutuamente. Al fin, Svidrigailof lanzó una carcajada.
‑¡Eh! ‑le gritó‑. ¡Suba en vez de estar ahà parado!