Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿A qué viene esa pregunta? ‑exclamó Svidrigailof con un gesto de contrariedad‑. Le ruego que no hablemos de estas cosas ‑se apresuró a añadir, dejando su tono de jactancia.
Incluso su semblante habÃa cambiado.
‑No puedo remediarlo. Sé que esto es una debilidad vergonzosa pero temo a la muerte y no me gusta oÃr hablar de ella. ¿Sabe usted que soy un poco mÃstico?
‑Ya sé lo que quiere usted decir… El espectro de Marfa Petrovna… DÃgame: se le aparece todavÃa.
‑No me hable de eso ‑exclamó, irritado‑. En Petersburgo no se me ha aparecido aún. ¡Que el diablo se lo lleve… ! Hablemos de otra cosa… Además, no me sobra el tiempo. Aun sintiéndolo mucho, pronto tendremos que dejar nuestra charla… Pero aún tengo algo que decirle.
‑Le espera una mujer, ¿verdad?
‑SÃ… Un caso extraordinario. Pura casualidad… Pero no es de esto de lo que querÃa hablarle.
‑¿No le inquieta la bajeza de esta conducta? ¿Es que no tiene usted fuerza de voluntad suficiente para detenerse?