Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Entonces, ¿usted sólo ha venido aquà para ir de jarana?
‑Admitamos que sea asÃ. Sin duda, eso de la disipación le tiene obsesionado, pero le confieso que me gustan las preguntas directas. El libertinaje tiene, cuando menos, un carácter de continuidad fundado en la naturaleza y no depende de un capricho: es algo que arde en la sangre como un carbón siempre incandescente y que sólo se apaga con la edad, y aun asà difÃcilmente, a fuerza de agua frÃa. Confiese que esto, en cierto modo, es una ocupación.
‑Pero ¿qué tiene de divertido para usted esa vida? Es una enfermedad, y de las malas.
‑Ya le veo venir. Admito que eso es una enfermedad como todas las inclinaciones exageradas, y en este caso uno rebasa siempre los lÃmites de lo normal; pero tenga en cuenta que esto es cosa que cambia según los individuos. Desde luego, hay que reprimirse, aunque sólo sea por conveniencia; pero si yo no tuviera esta ocupación, acabarÃa por descerrajarme de un tiro en la cabeza. Bien sé que el hombre honrado tiene que aburrirse, pero aun asÃ…
‑¿SerÃa usted capaz de dispararse un balazo en la cabeza?