Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Que quién soy? Ya lo sabe usted: un gentilhombre que sirvió dos años en la caballerÃa. Después estuve otros dos vagando por Petersburgo. Luego me casé con Marfa Petrovna y me fui a vivir al campo. Aquà tiene usted mi biografÃa.
‑Era usted jugador, ¿verdad?
‑Jugador de ventaja.
‑¿HacÃa trampas?
‑SÃ.
‑Alguien debió de abofetearle, ¿no?
‑SÃ. ¿Por qué lo dice?
‑Porque entonces tuvo usted ocasión de batirse en duelo. Eso presta animación a la vida.
‑No le digo lo contrario… , pero no estoy preparado para discusiones filosóficas. Ahora le voy a hacer una confesión: he venido a Petersburgo por las mujeres.
‑¿Apenas enterrada Marfa Petrovna?
‑Pues sÃ. ¿Qué importa? ‑respondió Svidrigailof sonriendo con una franqueza que desarmaba‑. ¿Se escandaliza de oÃrme hablar asà de las mujeres?
‑¿Cómo no escandalizarme su libertinaje?
‑¡Libertinaje, libertinaje… ! Para responder a su primera pregunta, le hablaré de la mujer en general. Estoy dispuesto a charlar un rato. DÃgame: ¿por qué he de huir de las mujeres siendo un gran amador? Esto es, al menos, una ocupación para mÃ.