Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Adoro a los niños, los adoro de veras ‑exclamó Svidrigailof, echándose a reÃr‑. Sobre este particular puedo contarle un episodio sumamente curioso. El mismo dÃa de mi llegada empecé a visitar antros. Estaba sediento de ellos después de siete años de rectitud. Ya habrá observado usted que no tengo ninguna prisa en volver a reunirme con mis antiguos amigos, y quisiera no verlos en mucho tiempo. Debo decirle que durante mi estancia en la propiedad de Marfa Petrovna me atormentaba con frecuencia el recuerdo de estos rincones misteriosos. ¡El diablo me lleve! El pueblo se entrega a la bebida; la juventud culta se marchita o perece en sus sueños irrealizables: se pierde en teorÃas monstruosas. Los demás se entregan a la disipación. He aquà el espectáculo que me ha ofrecido la ciudad a mi llegada. De todas partes se desprende un olor a podrido…