Crimen y Castigo
Crimen y Castigo »Fui a caer en eso que llaman un baile nocturno. No era más que una cloaca repugnante, como las que a mà me gustan. Se levantaban las piernas en un cancán desenfrenado, como jamás se habÃa hecho en mis tiempos. ¡Es el progreso! De pronto veo una encantadora muchachita de trece años que está bailando con un apuesto joven. Otro joven los observa de cerca. Su madre estaba sentada junto a la pared, como espectadora. Ya puede usted suponer qué clase de baile era. La muchachita está avergonzada, enrojece; al fin se siente ofendida y se echa a llorar. El arrogante bailarÃn la obliga a dar una serie de vueltas, haciendo toda clase de muecas, y el público se echa a reÃr a carcajadas y empieza a gritar: "¡Bien hecho! ¡Asà aprenderán a no traer niñas a un sitio como éste!" Esto a mà no me importa lo más mÃnimo. Me siento al lado de la madre y le digo que yo también soy forastero y que toda aquella gente me parece estúpida y grosera, incapaz de respetar a quien lo merece. Insinúo que soy un hombre rico y les propongo llevarlas en mi coche. Las acompaño a su casa y trabo conocimiento con ellas. Viven en un verdadero tugurio y han llegado de una provincia. Me dicen que consideran mi visita como un gran honor. Me entero de que no tienen un céntimo y han venido a hacer ciertas gestiones. Yo les ofrezco dinero y mis servicios. También me dicen que han entrado en el local nocturno por equivocación, pues creÃan que se trataba de una escuela de baile. Entonces yo les propongo contribuir a la educación de la muchacha dándole lecciones de francés y de baile. Ellas aceptan con entusiasmo, se consideran muy honradas, etcétera… , y yo sigo visitándolas. ¿Quiere usted que vayamos a verlas? Pero habrá de ser más tarde.