Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Ahora que hemos doblado la esquina y que mi hermano ya no puede vernos, sepa usted que ya no le seguiré más lejos. DÃgame aquà mismo lo que tenga que decirme. Nuestros asuntos pueden tratarse en plena calle.
‑En primer lugar, no es éste un asunto que pueda tratarse en plena calle. En segundo, quiero que oiga usted también a Sonia Simonovna. Y, finalmente, tengo que enseñarle algunos documentos. Si usted no viene a mi casa, no le explicaré nada y me marcharé ahora mismo. Le ruego que no olvide que poseo el curioso secreto de su querido hermano.
Dunia se detuvo, indecisa, y dirigió una mirada penetrante a Svidrigailof.
‑¿Qué teme usted? ‑dijo éste‑. La ciudad no es el campo. Además, incluso en el campo me ha hecho usted más daño a mà que yo a usted. AquÃ…
‑¿Está prevenida Sonia Simonovna?