Diario de un escritor
Diario de un escritor Pero «ese hombre insoportable», por su parte, conoce muy bien los pensamientos mudos de su mujer, pues a lo largo de sus siete años de matrimonio ha tenido tiempo más que suficiente para aprender a adivinarlos. Además, también él «ha nacido en la Arcadia». ¡Allí, en esa misma provincia, poseía antaño ochocientas almas, nada menos! Si han podido viajar por el extranjero esos últimos siete años ha sido gracias a las indemnizaciones de la emancipación y también al importe de un robledal (¡trescientas desiatinas[29]!) vendido tres años antes. Ahora han vuelto a la patria, donde llevan ya cuatro meses, y en ese momento se dirigen a las ruinas de su propiedad, sin que ellos mismos sepan por qué razón. Lo peor es que la señora distinguida, por lo visto, no quiere enterarse de que ya no queda nada ni de las indemnizaciones ni del robledal. Pero lo que más le irrita es que hayan pasado ya cuatro meses desde su regreso y todavía no se «haya encontrado» con nadie. El caso de la mujer del general no es el primero. «¡Y todo por culpa de ese individuo insignificante!»