Diario de un escritor
Diario de un escritor Pero es que eso es muy difÃcil y me estoy dando cuenta de que no soy ningún maestro a la hora de escribir prefacios. Un prefacio puede ser tan difÃcil de escribir como una carta. En cuanto al liberalismo (en lugar de la palabra «tendencia», emplearé directamente la palabra «liberalismo»), en cuanto al liberalismo, un Desconocido[31] al que todo el mundo conoce, hablando en uno de sus últimos artÃculos de cómo ha recibido nuestra prensa el año de 1876, menciona entre otras cosas, no sin causticidad, que todo adoptó un aire bastante liberal. Me alegro de que hiciera gala de esa causticidad. En realidad, en los últimos tiempos nuestro liberalismo se ha convertido en todas partes en un oficio o en un mal hábito. Es decir, no es que en sà mismo sea un mal hábito, pero eso es lo que ha sucedido entre nosotros. Hasta resulta extraño: se dirÃa que nuestro liberalismo pertenece a la categorÃa de liberalismos inactivos; inactivos y tranquilos, lo que en mi opinión no está nada bien, ya que el quietismo, a mi juicio, es lo que menos cuadra con el liberalismo. Además, a pesar de esa serenidad, por todas partes se aprecian señales de que poco a poco está desapareciendo de nuestra sociedad la noción de lo que es liberal y de lo que no lo es; en ese sentido, la gente empieza a confundirse gravemente. Hay ejemplos incluso de casos extremos de confusión. En definitiva, nuestros liberales, en lugar de volverse más libres, están atados al liberalismo como con cuerdas; por eso, aprovechándome de esta curiosa coyuntura, guardaré silencio sobre los detalles de mi liberalismo. Me limitaré a señalar que, en términos generales, me considero más liberal que nadie, aunque sólo sea porque no tengo ningún deseo de tranquilizarme. Pero basta de hablar de esa cuestión. En lo que respecta a la clase de hombre que soy, podrÃa definirme más o menos asÃ: «Je suis un homme heureux qui n’a pas l’air content», o dicho en castellano: «Soy un hombre feliz que no está satisfecho con algunas cosas».