Diario de un escritor
Diario de un escritor Si incluyo aquà esta anécdota (que a decir verdad no viene a cuento), es porque no tengo ningún motivo para dudar de su autenticidad.
Y, sin embargo, ¡cuánta falta nos hace gente asÃ! Siento un tremendo cariño por esos hombrecillos ridÃculos que están plenamente convencidos de que su microscópica acción y su perseverancia pueden contribuir a una causa común y no esperan a que se produzca una iniciativa y una campaña a gran escala. Esa clase de hombres podrÃan convenir también a una colonia de delincuentes menores… Naturalmente bajo la dirección de supervisores más instruidos y, por decirlo asÃ, de miras más altas…
Por lo demás, sólo pasé unas horas en la colonia, y es posible que muchas cosas no las haya visto bien y que de otras me haya formado una idea falsa o errónea. En cualquier caso, sigo considerando insuficientes los medios consagrados para transformar esas almas viciosas en almas puras.