Diario de un escritor
Diario de un escritor —Sí, estos últimos años había empezado a perder la cuenta —comenta con mayor gravedad y solemnidad aún el dueño de la casa, mientras busca la gorra y se pone el abrigo.
—¡Y pensar que hace un minuto se reía y estaba tan contenta! ¡Mira la moneda que tiene en la mano! «Para comprar dulces», dijo. ¡Ah, qué vida esta!
—Bueno, ¿nos vamos o qué, Piotr Stepánich? —interrumpe el huésped al barbero, y ambos salen.