Diario de un escritor
Diario de un escritor No cogimos ese dinero, nos las arreglamos sin él. Pero ésta es la pregunta que os hago: ¿a qué tipo pertenecía esa mujer modesta, muerta hace muchos años en un hospicio, donde ese dinero le era bastante necesario? Creo que no se la puede incluir entre los explotadores y tramposos; en ese caso, ¿cómo definir su gesto? ¿Al actuar de ese modo dio muestras de encontrarse «en un estado elemental de la existencia, de tener costumbres cerradas e idílicas, de llevar una vida pasiva»? ¿O bien demostró tener más energías de las que se atribuyen a un individuo pasivo? Sería interesante escuchar lo que responde al respecto el señor Avséienko. Algunos me replicarán con desdén que se trata de un ejemplo aislado; pero a lo largo de mi vida he tenido ocasión de presenciar centenares de casos parecidos entre el pueblo y sé perfectamente que hay otros observadores capaces de contemplar al pueblo sin escupirle. Acordaos de ese pasaje de la Crónica familiar de Aksákov en que la madre, con lágrimas en los ojos, suplica a los mujiks que la lleven a la otra orilla del Volga, a Kazán, donde se encuentra su hijo enfermo, atravesando la delgada capa de hielo, en plena primavera, cuando desde hace ya días nadie se atreve a poner el pie, por miedo de que se resquebraje y sea arrastrada por la corriente, como de hecho sucede sólo unas horas después de que pase la comitiva. Acordaos de la maravillosa descripción de esa travesía y de cómo, al alcanzar la otra orilla, los mujiks se negaron a aceptar dinero, considerando que habían actuado movidos por las lágrimas de la madre y por amor a Cristo Nuestro Señor. ¡Y eso pasaba en los tiempos más sombríos del régimen de servidumbre! Decidme, ¿también son hechos aislados? Y, en caso de que sean dignos de elogio, ¿deben adscribirse al nivel «de la existencia elemental, de las costumbres idílicas y cerradas, de la vida pasiva»? ¿Es realmente así? ¿Son sólo casos aislados, casuales? ¿Se puede hablar de mera pasividad cuando un hombre arriesga su propia vida porque se compadece del dolor de una madre? ¿No deberíamos referirnos, por el contrario, a la verdad popular, a la caridad, la compasión y la amplitud de miras del pueblo, y además en la época más bárbara del régimen de servidumbre? Pero el pueblo no conoce siquiera la religión, dirán ustedes; ni siquiera sabe rezar; se prosterna delante de una tabla de madera y balbucea no sé qué bobadas sobre el Viernes Santo, sobre Floro y Lauro. A eso les responderé que esas ideas se deben a la inveterada costumbre de los rusos cultivados de mirar al pueblo con desprecio. Sobre la religión del pueblo y su ortodoxia disponemos de un par de docenas de anécdotas liberales y escabrosas y nos regocijamos con relatos socarrones sobre un pope que confiesa a una vieja o un mujik rezando al Viernes Santo. Si el señor Avséienko comprendiera realmente lo que escribe sobre la fe popular, que ha salvado a Rusia, y no se hubiera dedicado a copiar de los eslavófilos, no insultaría al pueblo de ese modo, considerándolo poco más o menos un conjunto de «explotadores y sanguijuelas». Pero eso es lo que pasa, que esos señores no saben absolutamente nada de la ortodoxia y, en consecuencia, no entenderán nunca absolutamente nada de nuestro pueblo. Pues el pueblo conoce a Cristo Nuestro Señor, quizá mejor que nosotros, aunque no se lo hayan enseñado en la escuela. Lo conoce porque, a lo largo de muchos siglos, ha soportado muchos sufrimientos y, en medio de su dolor, siempre, desde los tiempos más remotos hasta nuestros días, ha oído hablar de ese Señor Jesucristo a sus santos, que laboraban entre el pueblo y defendían la tierra rusa hasta el punto de sacrificar su vida, a esos mismos santos a los que el pueblo sigue reverenciando, recordando sus nombres y rezando en sus sepulcros. Podéis creerme cuando os digo que, en ese sentido, hasta las capas más ignorantes de nuestro pueblo son mucho más instruidas de lo que vosotros, en vuestra ignorancia de gente culta, suponéis; y tal vez más instruidas que vosotros mismos, aunque hayáis aprendido el catecismo.