Diario de un escritor
Diario de un escritor Por supuesto, también hay aquí muchos hijos de esas madres interesantes que se sientan en la escalera de su dacha y afilan una navaja con intención de agredir a sus rivales. A modo de conclusión, me gustaría decir lo siguiente: esas navajas pueden ser muy simpáticas a su manera, pero he lamentado mucho haber venido aquí, a este edificio, en el mismo momento en que seguía el proceso de la señora Kaírova. Desconozco totalmente su biografía y no puedo ni tengo ningún derecho a relacionarla de alguna manera con este edificio, pero toda su novela y toda esa elocuente exposición de sus pasiones ante el tribunal perdieron para mí todo su valor y destruyeron toda la simpatía que sentía por ella en cuanto salí de este edificio. Lo admito con toda franqueza, porque es posible que ésa sea la razón de que haya hablado con tanta insensibilidad del «caso» de la señora Kaírova.