Diario de un escritor

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Julio-agosto

CAPÍTULO SEGUNDO

IIILOS ALEMANES Y EL TRABAJO. TRUCOS INCONCEBIBLES. DEL INGENIO.

Ems es un lugar brillante y de moda. Aquí vienen enfermos del mundo entero, sobre todo aquejados del pecho, con «catarro de las vías respiratorias», que mejoran mucho de sus dolencias tomando las aguas. En verano puede alcanzarse una cifra de catorce o quince mil visitantes, todos, naturalmente, gente adinerada o al menos en condiciones de no descuidar su propia salud. Pero también hay enfermos pobres, que vienen a pie para seguir tratamiento. Habrá hasta un centenar, y quizá no todos vengan a pie, sino empleando algún medio de transporte. Me he interesado mucho por los vagones de cuarta clase que han introducido los alemanes en sus ferrocarriles, no sé si en todos. Durante una parada le pregunté al revisor (casi todos los revisores de los ferrocarriles alemanes no sólo son muy eficaces, sino también atentos y amables con los pasajeros) que me explicara en qué consistía esa cuarta clase. Me enseñó un vagón vacío, es decir, sin ningún tipo de asientos, sólo con las paredes y el suelo. Por lo visto, los pasajeros tienen que ir de pie.

—¿Es que no pueden sentarse en el suelo?

—Oh, sí, por supuesto, pueden acomodarse como quieran.

—¿Y cuántas plazas hay en el vagón?

—Veinticinco.


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