Diario de un escritor
Diario de un escritor Me molesta mucho tener que extenderme tanto. Si hubiera alguna posibilidad de guerra entre Francia y TurquÃa, y los musulmanes dependientes de Francia —los árabes de Argelia— dieran muestras de agitación ante esa perspectiva, ¿pensáis que los franceses no los reprimirÃan en el acto de la manera más enérgica? ¿Es que iban a andarse con ceremonias y a ocultar vergonzosamente sus «motivos» mejores y más nobles para que los musulmanes no se sintieran ofendidos y ultrajados de alguna manera? Escribe usted una lección moral para Rusia entera empleando palabras llenas de majestad: «La agitación que se ha manifestado en ciertas localidades del Cáucaso (anoto, de pasada, que usted mismo reconoce que ha habido disturbios) debe recordarnos que el gran ruso ortodoxo forma parte de una familia, que no es el único hijo de Rusia, aunque sà el de más edad». Admitamos que son unas palabras majestuosas, pero ¿qué puede hacer el gran ruso en caso de que realmente se produzcan disturbios en el Cáucaso? ¿Qué culpa tiene el hijo mayor de la familia si el musulmán del Cáucaso, el hijo menor, es tan quisquilloso con respecto a su fe y se figura que, cuando el hermano mayor marcha contra el turco, se posiciona también contra él y contra todo el islam…? Teme usted que «el hermano mayor de la familia» (el gran ruso) hiera de alguna manera los sentimientos del hermano menor (tártaro o caucásico). ¡Qué preocupación tan humana y llena de consideraciones elevadas! Subraya usted que el gran ruso ortodoxo no es «el único hijo de Rusia, aunque sà el de más edad». Pero, permÃtame, ¿a qué se refiere usted? La tierra rusa pertenece a los rusos, nada más que a los rusos; es una tierra rusa, no hay en ella ni un grano de tierra tártara. Los tártaros, antiguos opresores de la tierra rusa, no son más que intrusos. Pero los rusos, al subyugarlos, recuperar la tierra que les habÃan quitado y conquistarlos, no se vengaron del tártaro por los doscientos años de martirio; no lo humilló como el turco musulmán humilló y atormentó al raia, que no le habÃa causado nunca ningún daño; al contrario, le concedió derechos civiles iguales a los suyos y lo situó en una posición de igualdad que probablemente no tiene parangón en los paÃses más civilizados de Occidente, tan ilustrado según usted. Hasta es posible que el musulmán ruso haya gozado a veces de mayores privilegios que el propio ruso, que el propietario y dueño de la tierra rusa… El ruso jamás ha humillado la fe del tártaro, jamás lo ha oprimido ni lo ha perseguido; y créame cuando le digo que en ningún paÃs de Occidente, ni del mundo entero, encontrará usted una tolerancia tan amplia y tan humana como en el alma de un verdadero ruso. Créame también cuando afirmo que es más bien el tártaro quien desea mantenerse al margen del ruso (en virtud, precisamente, de su fe musulmana) y no el ruso del tártaro. Cualquier persona que haya vivido cerca de los tártaros se lo confirmará. En cualquier caso, el dueño de la tierra rusa es el ruso (gran ruso, pequeño ruso y ruso blanco viene a ser lo mismo) y siempre será asÃ; y si el ruso ortodoxo juzga necesario declarar la guerra a los musulmanes turcos, tenga usted la seguridad de que nunca permitirá que en su propia tierra nadie le ponga un veto. Y en cuanto a eso de andarnos con tales remilgos con los tártaros, hasta el punto de no atrevernos siquiera a manifestar ante ellos los sentimientos más nobles y espontáneos, que no pueden ofender a nadie —sentimientos de compasión por el eslavo martirizado, aunque sea en condición de correligionarios—, y además disimular todo lo que constituye nuestra misión, nuestro futuro y, sobre todo, nuestro deber, es una exigencia ridÃcula y humillante para un ruso… ¿Cómo voy a ofender al tártaro por sentir compasión por mi fe y por mis correligionarios? ¿En qué agravio su religión? ¿Qué culpa tengo yo si, según sus ideas, cualquier guerra contra el turco adquiere inevitablemente un carácter confesional? El ruso no puede modificar los conceptos fundamentales de todo el islam. Dice usted: «Venga, actuemos con delicadeza, andémonos con tapujos, procuremos no ofenderlos…». Pero, permÃtame, si el musulmán es tan susceptible, ¿no le ofenderá también que en la calle en la que se alza su mezquita haya una iglesia ortodoxa? ¿No será mejor quitarla de allà para que no se ofenda? ¿Y no deberÃa el ruso marcharse de su propio paÃs? ¿No deberÃa meterse debajo de la mesa, donde nadie lo vea ni lo oiga, por la sencilla razón de que su hermano menor, el tártaro, vive en la tierra rusa?…