Diario de un escritor
Diario de un escritor Que los niños de hoy también tienen recuerdos sagrados no ofrece ninguna duda, pues de lo contrario se habrÃa secado la vida viva. El hombre no podrÃa vivir sin ese algo sagrado y precioso que le aportan los recuerdos de infancia. Por lo visto, hay quienes no piensan en ello, pero de todos modos conservan esos recuerdos de manera inconsciente. Puede tratarse incluso de recuerdos penosos y amargos, pero hasta los sufrimientos vividos se transforman después en algo sagrado para el alma. El hombre, en general, está hecho de tal manera que ama los sufrimientos que ha padecido. Además, la necesidad le lleva a marcar mojones en su pasado que le permitan orientarse más tarde en la vida y sacar conclusiones de conjunto, con miras al buen orden y edificación personal. En ese sentido, los recuerdos más intensos e influyentes son casi siempre los que se conservan de la infancia. Por eso no cabe duda de que los niños de hoy guardarán a lo largo de su vida recuerdos e impresiones, y quizá muy fuertes y sagrados. Pero en qué consisten en concreto esos recuerdos, qué es lo que guardarán a lo largo de su vida, cómo se forma en ellos ese preciado bagaje: he ahÃ, sin duda, una serie de cuestiones serias e interesantes. Si fuera posible, al menos en parte, adelantar alguna respuesta, podrÃamos disipar muchas inquietantes dudas del momento y quizá mucha gente concibiera una fe jubilosa en la juventud rusa; sobre todo, podrÃamos tener algún barrunto de nuestro futuro, del futuro tan enigmático de nuestro paÃs. Lo malo es que nunca ha habido en nuestra historia una época que proporcione menos datos que la nuestra para predecir y adivinar nuestro futuro siempre enigmático. Y la familia rusa nunca ha estado tan quebrantada, desintegrada, desarraigada y desfigurada como ahora. ¿Dónde encontrar ahora una Infancia y una Adolescencia que pudieran recrearse en un relato tan armonioso y detallado como, por ejemplo, aquel en el que el conde Lev Tolstói describió su época y a su familia o como Guerra y paz, del mismo autor? Esos poemas ya no son más que cuadros históricos de un pasado lejano. Ah, no pretendo decir en absoluto que sean unos cuadros encantadores; por nada del mundo querrÃa que se repitieran en nuestra época: no es eso de lo que estoy hablando. Sólo me refiero a su carácter, a lo acabado, preciso y definido de su carácter, cualidades que permitieron un retrato tan claro y minucioso de una época como el de los dos poemas del conde Tolstói. En la actualidad no hay nada de eso, ni definición ni claridad. La familia rusa contemporánea se transforma cada vez más en una familia casual. SÃ, en una familia casual: ésa es la definición de la familia rusa contemporánea. Es como si de pronto, incluso súbitamente, hubiera perdido su antigua fisonomÃa, y la nueva… ¿será capaz de crearse un nuevo rostro, que responda a sus deseos y satisfaga las exigencias del alma rusa? Hay hasta personas muy serias que afirman sin ambages que la familia rusa ya «no existe». Naturalmente sólo se refieren a la familia rusa de la clase intelectual, es decir, de las capas superiores, no del pueblo. Pero ¿acaso en la actualidad esa familia del pueblo no constituye también un problema?