Diario de un escritor
Diario de un escritor Tampoco en este caso hay motivo para las risas y las burlas: esas palabras son antiguas, esa fe se remonta a tiempos remotos; el solo hecho de que esa fe no haya muerto ni esas palabras hayan enmudecido, sino que, por el contrario, cada vez resuenen con más fuerza, ampliando su cÃrculo y ganando nuevos adeptos, nuevos partidarios convencidos, ese solo hecho deberÃa llevar a los adversarios y escarnecedores de esa doctrina a considerarla con algo más de seriedad y abandonar esa animosidad vana y petrificada. Pero dejémoslo ahà por el momento. El caso es que en primavera dio comienzo nuestra gran guerra por una gran aspiración que, tarde o temprano, a pesar de los fracasos pasajeros que demoran la solución del conflicto, acabará haciéndose realidad, aunque la presente guerra no permita esa plasmación plena que nosotros desearÃamos. La aspiración que perseguimos con esta guerra es tan grande que Europa, incapaz de comprenderla, se muestra indignada de nuestra perfidia, pues no puede creer lo que declaramos al iniciar la guerra, y no tiene más remedio que tratar de perjudicarnos de cualquier manera y con todos los medios que están a su alcance, uniéndose a nuestro enemigo en una alianza polÃtica —aunque no de forma manifiesta y formal— para dañarnos y combatirnos, aunque sea de manera secreta, en espera de una confrontación abierta. ¡Y todo se debe, naturalmente, a las intenciones y objetivos que hemos declarado! «La gran águila oriental planea sobre el mundo y sus alas resplandecen en las cumbres de la cristiandad.» No busca someter, conquistar o ampliar sus fronteras, sino liberar, socorrer a los oprimidos y desamparados, darles una nueva vida para su propio bien y el de la humanidad. Pueden hacerse todos los cálculos que se quieran, considerar el asunto con el mayor escepticismo, pero en el fondo ése es nuestro objetivo, ese mismo, y eso es lo que Europa no acaba de creer. Y no os quepa duda de que lo que le asusta no es tanto el supuesto reforzamiento de Rusia como el hecho de que sea capaz de afrontar tales empresas y objetivos. Prestad especial atención a ese detalle. Emprender algo que no comporte un beneficio directo para uno mismo a Europa le parece tan inusitado y tan ajeno a las prácticas internacionales que, naturalmente, acoge el proceder de Rusia no sólo como la conducta bárbara de una nación «atrasada, brutal e ignorante», capaz de cometer la estupidez y la vileza de embarcarse en los tiempos que corren en algo semejante a las cruzadas de los siglos oscuros, sino incluso como un acto inmoral, peligroso para Europa, que podrÃa amenazar su elevada civilización. Y ahora os pregunto: ¿qué paÃses europeos nos profesan en estos momentos una estima especial? Hasta nuestros amigos, nuestros amigos declarados y formales, por decirlo de alguna manera, afirman abiertamente que se alegran de nuestros reveses. Una derrota de los rusos les causa más placer que sus propias victorias; las anhelan y las disfrutan. En cuanto a nuestros éxitos, hace mucho tiempo que esos amigos se han puesto de acuerdo para emplear todas sus fuerzas en sacar más beneficio de las victorias de Rusia que la propia Rusia…