Diario de un escritor
Diario de un escritor En una ocasión Don Quijote, el famosísimo Caballero de la Triste Figura, el más generoso caballero que ha conocido el mundo, el alma más cándida y uno de los corazones más grandes, deambulando con su fiel escudero Sancho en busca de aventuras, fue presa de cierta perplejidad que le mantuvo meditabundo un buen rato. Le había dado por pensar que a menudo los grandes caballeros de antaño, empezando por Amadís de Gaula, cuyas historias se han conservado en esos libros veraces a más no poder llamados novelas de caballerías (por cuya adquisición Don Quijote no había dudado en vender algunos de los mejores acres de su modesta hacienda), que a menudo esos caballeros, en el transcurso de sus andanzas, tan útiles para todo el mundo y tan gloriosas, se habían encontrado de manera repentina e inesperada con ejércitos enteros, hasta de cien mil guerreros, enviados por una potencia malvada, por magos perversos y envidiosos que querían impedirles a toda costa que alcanzaran su noble objetivo y pudieran reunirse de una vez con sus hermosas damas. Lo habitual era que el caballero, al toparse con tan monstruoso ejército de malandrines, desenvainara su espada, invocara el nombre de su dama para recabar su apoyo espiritual y a continuación arremetiera contra sus enemigos, sin dejar uno solo con vida. Se diría que la cosa está muy clara, pero a Don Quijote le asaltaron algunas dudas sobre la siguiente cuestión: de repente le pareció imposible que un solo caballero, por muy fuerte que fuera y por más mandobles que prodigara con su victoriosa espada durante una jornada entera, sin cansarse, pudiera derribar a cien mil enemigos, y en un solo encuentro. Para matar a un hombre se requiere cierto tiempo; y para acabar con cien mil se requiere bastante más; por muchos mandobles que aseste, una sola persona no logrará tal propósito en el transcurso de unas cuantas horas y de una tacada. Sin embargo, en esos libros verídicos se afirmaba que tales hazañas se habían consumado en un solo encuentro. ¿Cómo era posible?