Diario de un escritor
Diario de un escritor He resuelto el enigma, amigo Sancho —dijo por fin Don Quijote—. Todos esos gigantes, todos esos malignos hechiceros eran fuerzas impuras, y sus ejércitos compartÃan ese carácter mágico e impuro. Es de suponer que esos ejércitos no estaban compuestos por hombres de carne y hueso como nosotros. Tales hombres no eran más que una ilusión, un producto de la magia, y, con toda probabilidad, sus cuerpos no se parecÃan a los nuestros, sino más bien a los de las babosas, los gusanos y las arañas, por ejemplo. Asà pues, la espada firme y afilada del caballero, esgrimida por su poderosa mano, al caer sobre esos cuerpos, los traspasaba al instante, casi sin ninguna resistencia, como si cortara el aire. En ese caso, de un solo mandoble podÃa atravesar, efectivamente, tres o cuatro cuerpos, e incluso diez, si estaban muy apretujados. Asà se entiende que el asunto se resolviera con tanta rapidez y que un caballero pudiera en verdad aniquilar en unas horas a ejércitos enteros de criaturas malignas y monstruos…[94]