Diario de un escritor
Diario de un escritor En ese pasaje el gran poeta y conocedor de los hombres ha reparado en uno de los aspectos más profundos y misteriosos del alma humana. ¡Ah, estamos hablando de un gran libro, no de esos que se escriben en nuestros dÃas! Libros asà sólo se le conceden a la humanidad cada varios siglos. Y en cada página de ese libro se encuentran observaciones sobre los aspectos más profundos de la naturaleza humana. Señalemos al menos el siguiente hecho: ese Sancho, personificación del sentido común, de la prudencia, de la astucia y del justo medio, acaba convirtiéndose en amigo y compañero del hombre más loco del mundo. ¡Precisamente él y no otro! Todo el tiempo está embaucándolo y engañándolo como a un niño, y a la vez está plenamente convencido de su gran inteligencia, le conmueve en lo más Ãntimo su grandeza de alma, cree a pies juntillas en todos los sueños fantásticos del gran caballero y ni una sola vez pone en duda que acabará entregándole una Ãnsula. ¡Cuán de desear serÃa que nuestra juventud conociera a fondo esas grandiosas producciones de la literatura universal! No sé lo que enseñan ahora en las clases de literatura, pero el conocimiento de ese libro, el más grande y más triste de cuantos ha creado el genio humano, elevarÃa sin duda el alma de los jóvenes merced a la grandeza de su pensamiento, despertarÃa en su corazón profundos interrogantes y contribuirÃa a apartar su espÃritu de la adoración del eterno y estúpido Ãdolo de la mediocridad, la fatuidad autosatisfecha y la insulsa sensatez. El hombre no olvidará llevar consigo ese libro, el más triste de todos, el dÃa del Juicio Final. Mostrará el más profundo y fatal misterio del hombre y de la humanidad, revelado por ese libro. Mostrará que la más sublime belleza del hombre, su más sublime pureza, su castidad, su inocencia, su gentileza, su valentÃa y, por último, su inteligencia más sublime, más de una vez (ay, por desgracia muy a menudo) se pierden sin haber reportado ningún beneficio a la humanidad, convirtiéndose incluso en objeto de burlas, simplemente porque todos esos nobilÃsimos y preciadÃsimos dones, que tan a menudo se conceden al hombre, no se acompañan del don más importante; a saber, el genio necesario para dominar toda la riqueza y el poder de esos dones, y para dirigir y encauzar todo su potencial hacia una actividad juiciosa, no fantástica y descabellada, que redunde en bien de la humanidad. Pero, ay, el genio se concede en tan escasa cantidad a las razas y a los pueblos y es tan raro que el espectáculo de esa ironÃa maligna del destino, que tan a menudo convierte los esfuerzos de algunos de los hombres más nobles y de los más fervientes filántropos en blanco de burlas, risas y pedradas, simplemente porque en el momento decisivo no han logrado discernir el verdadero sentido de las cosas y encontrar su palabra nueva; ese espectáculo de la pérdida infructuosa de fuerzas tan nobles y cuantiosas puede llevar a la desesperanza, en verdad, a más de un amigo de la humanidad, suscitando no ya risas, sino lágrimas amargas, acibarando para siempre su corazón, hasta entonces puro y creyente, con el veneno de la duda…