Diario de un escritor
Diario de un escritor —Pero qué dice usted —me replicará alguno—. ¡Eso es precisamente lo que necesitamos, exageración por ambas partes! En ocasiones los miembros del jurado son hombres de poca instrucción, que además están muy ocupados, pues tienen que atender su tienda, su negocio; a veces son distraÃdos, a veces simplemente incapaces de entrar en honduras. Por eso es necesario que otros profundicen y les muestren todos los aspectos del caso, hasta los más improbables, para que esté completamente seguro de que la acusación ha examinado todas las posibilidades que puedan imaginarse y que no hay razón para seguir buscando; y también que la defensa, del mismo modo, enumere todas las suposiciones posibles e imposibles que permitan que el nombre del acusado quede más limpio que la nieve de las cumbres. AsÃ, cuando se retiran a una sala especial para deliberar, saben ya mecánicamente, por decirlo de alguna manera, cuál va a ser, más o menos, el veredicto, de suerte que pueden tener la conciencia totalmente tranquila. La conclusión evidente es que todo eso es absolutamente indispensable para que resplandezca la verdad, tanto el encarnizado ataque como la encarnizada defensa, hasta el punto de que el encarnizado ataque de la acusación, en sentido estricto, acaba favoreciendo más al imputado que al propio fiscal, asà que una vez más debemos decir que es imposible imaginar nada mejor.