El doble
El doble –Así es, Krestián Ivánovich. Yo, Krestián Ivánovich, soy un hombre pacífico, como, me parece, ya he tenido el honor de explicarle, pero mi camino va por separado, Krestián Ivánovich. El camino de la vida es amplio… Yo quiero… yo quiero, Krestián Ivánovich, decir con esto… Discúlpeme, Krestián Ivánovich, no soy un maestro de la elocuencia.
–Hum… usted hable…
–Digo que me disculpe, Krestián Ivánovich, por no ser, según me parece, un maestro de la elocuencia –dijo el señor Goliadkin en un tono semiofendido, despistándose y embrollándose un poco–. En este sentido, yo, Krestián Ivánovich, no soy como otros –añadió con una sonrisita algo singular–, y no sé hablar mucho; no he aprendido a embellecer el estilo. Pero, en cambio, Krestián Ivánovich, actúo. ¡En cambio actúo, Krestián Ivánovich!
–Hum… ¿Cómo es eso… de que actúa? –respondió Krestián Ivánovich. Luego se produjo un breve silencio. El médico miró de un modo extraño y receloso al señor Goliadkin. Por su parte, el señor Goliadkin también miró de reojo y con bastante recelo al doctor.