El doble
El doble Al terminar de leer la carta de Vajraméiev, nuestro héroe estuvo mucho tiempo sin moverse del sofá. Una nueva luz se abrió paso a través de la confusa y misteriosa niebla que lo envolvía ya hacía dos días. Nuestro héroe empezó poco a poco a comprender… Quiso levantarse del sofá y pasear para reavivarse, reunir de algún modo sus fragmentados pensamientos, dirigirlos a un objeto determinado y luego, cuando ya se hubiera en parte restablecido, examinar maduramente su situación, decidirse sin falta a algo y actuar con firmeza, en conformidad con la decisión tomada. Pero, en cuanto atinó a incorporarse, volvió a caer, enfermo y débil, en el sofá. «Por supuesto, todo esto ya lo presentía; acepto que debía ser así, que sin falta debía ser como lo había presentido; pero, sin embargo, ¿qué es esto que escribe y cuál es el sentido directo de estas palabras? El sentido supongamos que lo conozco, pero ¿adónde llevará todo esto? ¡Dios mío! ¿Adónde llevará todo esto?… Si hubieran dicho sin rodeos que bueno, que esto es así y asá y que se exige esto y aquello, yo habría cumplido y habría hecho algo para agradarlo, y todo el asunto habría tomado mejor rumbo, y todos estarían contentos y felices. ¡Qué cariz, qué giro más desagradable toma el asunto! ¡Ah, si ya fuera mañana y pudiera pasar a la acción! Porque ahora sé lo que debo hacer, ahora sé muy bien qué es exactamente lo que debo hacer. Diré que bueno, que estoy de acuerdo con las razones, que no venderé mi honor, pero eso… quizá; por lo demás, ¿cómo es que él, ese cierto individuo, ese personaje maligno, ha venido a mezclarse en todo esto? Y ¿por qué precisamente? ¡Ah, si ya fuera mañana! ¡Hasta entonces me calumniarán, intrigarán contra mí, me mortificarán! Lo principal es no perder tiempo, y ahora mismo, por ejemplo, escribir una carta y admitir solamente que bueno, que esto y que lo otro, que estoy de acuerdo con esto y con aquello. Y mañana a primera hora enviarla y yo mismo ir más temprano, ejem… y, por otra parte, contraatacar y advertir a esos señoritos… ¡Me calumniarán, no cabe duda!»