El doble
El doble He leído con un asombro penoso para mi corazón la agraviante carta que usted me ha dirigido, puesto que veo claramente que bajo el nombre de ciertos individuos indecentes y otras personas falsamente bienintencionadas se refiere usted a mi persona. Con auténtico pesar veo con qué rapidez, éxito y profundidad ha echado raíces la calumnia divulgada en detrimento de mi prosperidad, mi honor y mi buen nombre. Y eso resulta tanto más doloroso y agraviante cuanto que gente honrada, con un modo de pensar genuinamente noble y, sobre todo, dotada de un carácter franco y recto, abandona los intereses de personas nobles y se adhiere con las mejores cualidades de su corazón a la perniciosa corrupción que, por desgracia, se ha propagado con tanta virulencia e insidia en los tiempos aciagos e inmorales en que vivimos. Hablo en general; estimo innecesario mencionar a personas concretas, si bien considero deber sagrado precaver a la inexperta e impoluta inocencia de las putrefactas sierpes de venenoso aliento que adoptan falsa y deslealmente apariencia humana y, con una desvergüenza que indigna el alma, se hacen pasar por otras personas que nada tienen que ver, que viven franca y noblemente, que van de frente, sin máscara, con el rostro descubierto, que desprecian los rodeos y las intrigas y se enorgullecen con justicia de ello. Para concluir le diré que considero un deber sagrado devolverle en su totalidad la deuda de dos rublos que usted menciona.