El doble
El doble En cuanto a sus alusiones, muy señor mío, a cierto individuo de sexo femenino, a sus intenciones, cálculos y diversos designios, le diré, muy señor mío, que solo las he comprendido de un modo vago y confuso. Permítame, muy señor mío, conservar impolutos la nobleza de mis pensamientos y mi honorable nombre. En cualquier caso, estoy dispuesto a condescender a una explicación personal, prefiriendo la fidelidad del contacto personal a la del escrito, y, además, estoy dispuesto a aceptar acuerdos de conciliación, siempre y cuando, desde luego, sean recíprocos. A este fin, le ruego, muy señor mío, que transmita a ese individuo mi disposición para alcanzar un entendimiento personal y que, además, le pida fijar hora y lugar del encuentro. He leído con amargura, muy señor mío, sus alusiones a que lo he agraviado, a que he traicionado nuestra prístina amistad y a que he hablado mal de usted. Atribuyo todo ello a un malentendido, a la vil calumnia, envidia y malevolencia de aquellos a los que justamente puedo llamar acérrimos enemigos míos. Pero ellos seguramente ignoran que la inocencia es fuerte ya por su sola inocencia, que el descaro, la insolencia y la indignante familiaridad de algunos individuos se ganan tarde o temprano el estigma del desprecio general, y que esos individuos sucumben no por otra cosa más que por la indecencia que les es propia y por la depravación de su corazón. Para concluir, le ruego, muy señor mío, transmitir a esos individuos que su extraña pretensión y su innoble y fantástico deseo de desplazar a otros del ámbito que ocupan con su sola existencia en este mundo, a fin de ocupar sus puestos, son dignos de asombro, desprecio, lástima y, sobre todo, del manicomio; que, además, tales comportamientos están estrictamente prohibidos por las leyes, lo cual, en mi opinión, es justo, puesto que cada uno debe darse por satisfecho con su propio puesto. Todo tiene sus límites, y, si esto es una broma, es de mal gusto; más aún: es absolutamente inmoral, pues me atrevo a asegurarle, muy señor mío, que mis ideas arriba expuestas acerca de los propios puestos son enteramente morales.