El doble
El doble –Ahora cuéntame, hermano, ¿cómo está ahora él?
–No tiene nada, señor… Está bien, señor –respondió el amanuense, mirando al señor Goliadkin con los ojos bien abiertos.
–O sea, ¿cómo que está bien?
–O sea, pues eso, señor. –Ahà Ostáfiev frunció significativamente el ceño. Por lo demás, estaba en una encerrona y no sabÃa qué decir.
«¡Qué mal!», pensó el señor Goliadkin.
–¿No ha habido algo más con respecto a Vajraméiev?
–Pues todo está como antes, señor.
–Piénsalo bien.
–Dicen que algo hay, señor.
–¡Ah! Y ¿qué es eso?
Ostáfiev se sostuvo el mentón con la mano.
–¿No hay una carta para m�
–Pues hoy el ordenanza Mijéiev ha ido a casa de Vajraméiev, allà donde vive la alemana esa, asà que puedo ir allà y preguntar, si es necesario.
–¡Hazme el favor, hermano, por Dios!… Es solo para saber… Tú, hermano, no vayas a pensar nada raro; es solo para saber. Pero tú indaga, hermano, averigua si no se está preparando algo contra mÃ. ¿Qué hace él? Eso es lo que necesito saber, asà que averÃgualo, amigo, y luego te lo retribuiré…