El doble
El doble –A sus órdenes, su señorÃa. Hoy han sentado en su sitio de usted a Iván Semiónich.
–¿A Iván Semiónich? ¡Ah, sÃ! ¿En serio?
–Andréi FilÃppovich le ha ordenado que se sentara ahÃ…
–¿En serio? Y ¿por qué razón? Averigua eso, hermano; por Dios, averigua eso, hermano; averÃgualo todo… y te lo retribuiré, amigo; eso es lo que necesito… Y no vayas a pensar nada raro, hermano…
–A sus órdenes, señor, a sus órdenes, ya mismo voy para allÃ. Y usted, su señorÃa, ¿no va a entrar hoy en la oficina?
–No, amigo. He venido asà porque sÃ, de paso, he venido solamente a mirar… y después te lo retribuiré, amigo.
–A sus órdenes, señor –el amanuense subió con rapidez y celo la escalera y el señor Goliadkin quedó solo.