El doble
El doble –Entiendo, señor. Apenas vaya, se la llevo.
–Y esta segunda carta, querido, trata de entregársela al señor Goliadkin, amigo.
–¿A Goliadkin?
–SÃ, amigo, al señor Goliadkin. Ya lo ves, amigo, hay aquà dos señores Goliadkin. Asà ha sucedido… Es una historia extraña, querido –añadió nuestro héroe con una sonrisa forzada, por decoro, a fin de que Pisarenko no fuera a pensar cualquier cosa, y para darle a entender que no tenÃa ninguna importancia y que al señor Goliadkin nada lo azoraba.
–Muy bien, señor. Apenas vaya, se la llevo. Y usted quédese aquà por ahora. Aquà nadie lo verá…
–No, amigo, yo, no vayas a pensar… No estoy aquà para que nadie me vea. Yo, amigo, ahora no me quedaré aquÃ…
–Está bien, señor, está bien…
–Yo, amigo, estaré aquà en el pasajito. Allà hay una cafeterÃa, asà que estaré esperando allÃ, y tú, si llega a pasar algo, me informas de todo, ¿entiendes?
–Muy bien, señor. Pero suélteme. Entiendo…
–¡Te lo retribuiré, querido! –gritó el señor Goliadkin a Pisarenko, que al fin habÃa logrado librarse…