El doble
El doble –¿Qué hay, amigo? –dijo dirigiéndose a Pisarenko–. ¿Quién te envÃa, amigo?…
–Es por su asunto, señor. Por el momento no hay noticias de nadie, señor. En cuanto las haya, le informaremos.
–¿Y Ostáfiev?
–No puede venir, su señorÃa. Su excelencia ha pasado ya dos veces por la oficina, y yo ahora tampoco tengo tiempo.
–Gracias, querido, te lo agradezco… Solo dime…
–Le juro que no tengo tiempo, señor… En cualquier momento puede llamarme… Usted sÃrvase quedarse aquà un rato más, y, si se llega a saber algo de su asunto, señor, enseguida le informaremos…
–No, amigo, tú dime…
–PermÃtame, señor, pero no tengo tiempo –dijo Pisarenko, apartándose del señor Goliadkin, que lo tenÃa sujeto por el faldón–. En verdad no puedo. SÃrvase quedarse aquà un rato más, señor, y le informaremos.
–¡Un segundo, un segundo, amigo! ¡Solo un segundo, querido! Pues mira: aquà tienes dos cartas, amigo; te lo retribuiré.
–A sus órdenes, señor.
–Esta carta te la llevas, querido; luego vas al ordenanza, al recadero o a cualquiera y se la entregas para que la lleve a la dirección del secretario regional Vajraméiev; te lo retribuiré, querido…