El doble
El doble –Este es nuestro Faublas ruso, señores. PermÃtanme presentarles al joven Faublas25 –zahirió el señor Goliadkin menor, brincando y escurriéndose entre los empleados con el descaro que le era propio, y señalándoles al pasmado y por demás indignado auténtico señor Goliadkin–. ¡Besémonos, encanto mÃo! –continuó con intolerable familiaridad, avanzando hacia el hombre que tan pérfidamente habÃa agraviado. La bromita del despreciable señor Goliadkin menor pareció encontrar el eco que buscaba, tanto más por cuanto encerraba una artera alusión a una circunstancia por lo visto ya pública y notoria. Nuestro héroe sintió sobre sus hombros la pesada mano de sus enemigos. Por lo demás, ya habÃa tomado una decisión. Con mirada ardiente, rostro pálido y rÃgida sonrisa, logró escapar como pudo del grupo y, con paso desparejo y rápido, se encaminó directamente al despacho de su excelencia. En la anteúltima sala se encontró con Andréi FilÃppovich, que acababa de salir del despacho de su excelencia, y, aunque habÃa en ella bastantes personas del todo ajenas en ese momento al señor Goliadkin, nuestro héroe no quiso prestar atención a esa circunstancia. Directamente, con resolución y valentÃa, casi sorprendiéndose y elogiándose a sà mismo en su fuero Ãntimo por tal acto de arrojo, abordó sin perder un segundo a Andréi FilÃppovich, que se asombró no poco ante semejante asalto.