El doble
El doble –Por supuesto, Antón Antónovich –dijo con voz apenas audible–, que, si se hace caso a la calumnia y se presta oÃdos a nuestros enemigos sin escuchar la justificación de la otra parte, entonces claro… claro, Antón Antónovich, entonces puede uno sufrir, Antón Antónovich, puede uno sufrir sin culpa y sin haber hecho nada.
–Ahà está la cosa, señor. ¿Y su indecente actitud en perjuicio de la reputación de una joven noble de una familia virtuosa, venerable y conocida que le hizo a usted muchos favores?
–¿A qué actitud se refiere, Antón Antónovich?
–Ahà está la cosa, señor. Y respecto a otra joven que, aunque pobre, lleva un honorable apellido extranjero, ¿tampoco está al tanto de su poco loable actitud, señor?
–PermÃtame, Antón Antónovich… SÃrvase escucharme, Antón Antónovich…
–¿Y su pérfida actitud y calumnias dirigidas a otra persona? ¿Acusar a otro del pecado que uno mismo ha cometido? ¿Eh? ¿Cómo se llama eso?