El eterno marido
El eterno marido «¡Vamos, vamos, calma! Todo esto no es más que un delirio —pensó—. De sobra sé que no he podido dormirme, y me he levantado, y estoy en pie, porque no podÃa seguir acostado, a causa de los dolores…» Y, sin embargo, los gritos, la gente, los ademanes, todo, adquirÃa tal precisión, tal aire de realidad, que a veces se le ocurrÃan ciertas dudas. «¿Es realmente, una alucinación todo esto? ¿Qué me querrá toda esta gente, Dios mÃo? Pero… si esto no es un delirio, ¿cómo es posible que Pavel Pavlovich no se despierte con los gritos? ¡Pues el caso es que él sigue durmiendo ahÃ, en ese diván!»