El eterno marido
El eterno marido Detestaba el vicio en los demás, juzgándolo con una implacable severidad, y ella era viciosa y depravada. HabrÃa sido completamente imposible hacerla darse cuenta de su propia depravación. «La ignora con toda sinceridad —pensaba ya Veltchaninov en T…—. Es una de esas mujeres nacidas para el adulterio. No hay cuidado de que estas mujeres caigan mientras son solteras; aguardan para ello a estar casadas. ¿Qué se le va a hacer? Está en su naturaleza. El marido es el primer amante; pero nunca antes de la boda. ¡Y que no se dan maña para casarse! Claro que el marido es siempre el responsable del primer amante. Y asà sucesivamente, con la misma buena fe, siguen, hasta el final, tan persuadidas de que son absolutamente honradas, completamente inocentes».