El eterno marido
El eterno marido «¿Tanto lo quiere? —pensaba con un sentimiento de celos, mientras volvÃa a la ciudad, en un estado de impaciencia febril—. ¿No me decÃa antes ella misma que querÃa mucho más a su madre…? ¡Quién sabe; también es posible que no le quiera lo más mÃnimo, que hasta le odie…! ¿Ahorcarse? ¿Ahorcarse el muy idiota…? ¡Es preciso que yo sepa; y sin pérdida de tiempo! ¡Hay que acabar de una vez; y lo antes posible!»