El Gran Inquisidor

El Gran Inquisidor

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Había, en fin, también otra fuente de ingresos, que no enriquecía a los penados, pero que era de índole real y benéfica. Me refiero a los donativos. La clase alta de nuestra sociedad no tiene idea de cómo velan por los desgraciados los comerciantes, los artesanos y todo nuestro pueblo. Los donativos eran constantes, y casi siempre consistían en pan, té y bollitos, y muy rara vez en dinero. A no ser por aquellos donativos, muchas veces el preso, sobre todo si está pendiente de juicio y sometido, por tanto, a un régimen muy severo, lo pasaría bastante mal. Los donativos se distribuyen con religiosa equidad entre todos los presos, y cada uno de ellos recibe irremisiblemente su parte. Recuerdo que yo, la primera vez, recibí un donativo en metálico. Era a poco de haber ingresado en el presidio. Volvía del trabajo matinal, solo, separado del convoy. En dirección contraria venían una madre y una hija; esta última, una chica de diez años, linda como un angelito. Yo ya las había visto otra vez. La madre era viuda de un militar. A su marido, joven soldado, le formaron causa y murió en el hospital, en la cárcel, en ocasión de estar yo allí también enfermo. La mujer y la hija habían ido a despedirse de él; ambas estaban hechas un mar de lágrimas. Al verme, la chica se puso muy colorada, y le dijo, por lo bajo algo a la madre. Ésta en seguida se detuvo, buscó en su bolso un cuarto de copeica y se lo dio a la niña. Ésta echó a correr tras de mí.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker