El Gran Inquisidor

El Gran Inquisidor

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Pero en cuanto la cosa empezó a ponerse seria, se amansaron los brazos.

—¡Eh!, ¿qué es eso? —le gritaron todos los demás reclusos.

—¡Daos fuerte! —los azuzó uno desde un rincón…

—¡Sujetadlos para que no se peguen! —contestaron los otros—. Somos bravos, violentos; no les tenemos miedo a siete contra uno…

—¡Sí; los dos son buenos! El uno vino al presidio por una libra de pan, y el otro…, el muy tenorio, se bebió la leche agria de una mujer, y por eso probó el knut.

—¡Bueno! ¡Bueno! ¡Basta ya! —gritó el inválido, que estaba encargado de velar por el orden dentro de la cuadra, y por esa causa dormía en un rincón, en un petate especial.

—¡Agua, hijitos! ¡Que ya se despertó Nevalid[4] Petróvich! ¡Nevalid Petróvich, hermanito!

—¡Hermanito!… ¿Por razón de qué soy yo hermano tuyo? ¡No nos hemos bebido un rublo juntos y vamos a ser hermanos! —refunfuñó el inválido, metiendo con dificultad el brazo por la manga de su capote…


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