El Gran Inquisidor

El Gran Inquisidor

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Me senté junto a ellos. A mi diestra conversaban dos juiciosos reclusos, esforzándose por conservar su aire grave.

—A mí nunca me roban nada —decía uno—; yo mismo, hermanito, tengo que andar con cuidado para no robarles a los demás.

—Bueno; tampoco intentes tocarme a mí con la mano desnuda: ¡te quemaré!

—¿Por qué habías de quemarme? Eres verdaderamente un forzado; no nos queda más que el nombre… Pero ella te lo quita todo y ni siquiera te da las gracias. Mira, hermanito: también mis copeicas volaron. Hace poco estuvo ella… ¿Qué hacerle? A lo primero pensé en requerir la ayuda de Fedka, el verdugo; éste tenía aún en el arrabal una casa que le compró a Solomonka, el judío piojoso, el mismo que luego se ahorcó.

—Lo sé. Tres años nos compró a nosotros aguardiente. Le llamaban Grischka. La taberna a oscuras, por mal nombre. Le conozco.

—Pues no lo conoces; ése es otro Taberna a oscuras.

—¡Cómo otro! ¡Tú te emperras siempre en ser el único que lo sabe todo! Pero yo puedo presentarte tantos testigos…

—¡Preséntamelos! ¿Quién eres tú y quién soy yo?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker