El Gran Inquisidor
El Gran Inquisidor No habían pasado algunos minutos, cuando se vieron confirmadas sus palabras.
No había hecho más que salir Matskii (el polaco con el que acababa de hablar), cuando Gazin, completamente borracho, irrumpió en la cocina.
Un preso borracho, a plena luz, en pleno día, cuando todos venían obligados a estar trabajando, tan cerca del mando del presidio que a cada instante podía presentarse allí, a dos dedos del suboficial encargado de la custodia de los presos, y que no se apartaba del edificio; tan a la vista de los centinelas, de los inválidos; en una palabra: de todos aquellos guardianes del penal, venía a desconcertar por completo todas las ideas que yo me había formado de la vida de los reclusos. Y mucho tiempo tuve que llevar viviendo en el presidio para poder explicarme todos esos hechos, que eran para mí otros tantos enigmas, durante los primeros días de mi cautiverio.
