El Gran Inquisidor

El Gran Inquisidor

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Ya dije que los presos tenían siempre su trabajo particular, y que ese trabajo era una exigencia natural de la vida presidiaria; que, aparte esta necesidad, el preso ama extraordinariamente el dinero y lo pone por encima de todo, casi al mismo nivel que la libertad, sintiéndose consolado cuando se lo oye sonar en el bolsillo. Por el contrario, se muestra apocado, tristón, inquieto y pierde los ánimos en cuanto se le acaba, siendo entonces capaz de robar lo que sea con tal de procurárselo. Pero, no obstante resultar en el penal tan precioso, el dinero, no contribuía a veces a la felicidad de quienes lo poseían. En primer lugar, les era muy difícil guardarlo, de modo que no se lo robaran ni se lo decomisasen. Como el mayor lograse dar con él, en alguna de sus inopinadas requisas, inmediatamente se lo confiscaba. Puede que lo emplease en mejorar el rancho de los presos; pero, por lo pronto, cargaba con él. Pero lo más frecuente era que se lo robasen; no había modo de ponerlo a buen recaudo. Más adelante descubrieron los reclusos el medio de guardar el dinero con absoluta confianza. Se lo entregaban en depósito a un viejo, antiguo creyente, que había ido a parar allí como adepto a la secta de cismáticos que formaban los campesinos de Starodúbovo… Pero no puedo menos de decir acerca de él algunas palabras, aunque me aparte de mi asunto.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker