El Gran Inquisidor
El Gran Inquisidor No mentÃa. Por aquello le habÃan mandado a la sección especial. A los delincuentes ordinarios les imponÃan castigos más leves. Por lo demás, Sirotkin era el único de todos sus compañeros que tenÃa tan buena presencia. En cuanto a los demás de su clase, de los que habÃa entre nosotros hasta cincuenta, daba pena mirarlos: sólo dos o tres caras resultaban todavÃa pasaderas; los demás tenÃan las orejas colgantes, eran feos y sucios; algunos tenÃan ya canas. Si las circunstancias lo permiten, hablaré de toda esa taifa más detalladamente. Sirotkin solÃa estar en buena amistad incluso con Gazin, el mismo hablando del cual empecé este capÃtulo, recordando cómo entró borracho en la cocina y vino a desmentir asà las ideas que yo me habÃa forjado acerca de la vida en el presidio.