El idiota
El idiota Y el hombre del cabello negro comenzó a reÃr, secundado por el tercero de los interlocutores.
—Me temo —agregó el primero— que todo su equipaje está contenido en este pañuelo…
—Yo lo asegurarÃa —manifestó el otro, con aspecto de extrema satisfacción—. Estoy cierto de que todo el equipaje de este señor es ése, ¿verdad? Pero la pobreza no es vicio, desde luego.
La suposición de aquellos dos caballeros resultó ajustada a la realidad, como el joven rubio no titubeó en confesarlo.
—Su equipaje, sin embargo, no deja de tener cierta importancia —prosiguió el empleado, después de que él y el joven de la cabellera negra hubieron reÃdo con toda su alma, siendo de notar que aquel que era objeto de su hilaridad habÃa terminado también por reÃr viéndoles reÃr a ellos, con lo que hizo subir de punto sus carcajadas—; pues, aunque pueda darse por hecho que en él brillan por su ausencia las monedas de oro francés, holandés o alemán, el hecho de que tenga usted una parienta como la Epanchina modifica en mucho la trascendencia de su equipaje. Esto, claro, en el caso de que la Epanchina sea efectivamente parienta suya y no se trate de una distracción…, lo que no tiene nada de particular en un hombre, cuando es muy imaginativo…