El idiota
El idiota —He recibido… la recompensa de mi bajeza y mi perfidia. ¡He recibido una bofetada! —declamó trágicamente.
—¿Una bofetada? ¿De quién? ¿Y a estas horas?
—¿A estas horas? —repitió Lebediev, sarcásticamente—. La hora no tiene nada que ver con esto… ni siquiera para un castigo fÃsico… Pero es un bofetón moral… moral y no fÃsico, el que he recibido.
Sentóse sin cumplidos e inició un relato incoherente Michkin arrugó el entrecejo y ya se disponÃa a marcharse cuando ciertas palabras que escuchó le detuvieron en seco, petrificándole de sorpresa. Lebediev contaba cosas muy extrañas.