El idiota

El idiota

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Se hallaba luego una tercera categoría de invitados, quienes, aunque no perteneciesen a la crema de la sociedad, se encontraban a veces, como los propios Epanchin, en los más aristocráticos salones. El general y su mujer, cuando daban una de sus raras reuniones, mantenían el principio de unir a la alta sociedad algunos representantes escogidos de la clase media. Esto valía a los Epanchin el elogio siguiente (que los enorgullecía mucho): «Tienen tacto; se hacen cargo de lo que son». Uno de los representantes de esta clase era un coronel de ingenieros, hombre serio, un amigo del príncipe Ch., que era quien le había presentado a los Epanchin. Aquel señor hablaba poco y ostentaba en el índice de la mano derecha un grueso anillo, procedente de un regalo, según todas las apariencias. Finalmente cabe mencionar un literato de origen alemán, que cultivaba la poesía rusa. Era hombre de treinta y ocho años, de aventajada figura, aun cuando algo antipático. Sus modales eran muy correctos, por lo cual se le podía presentar en cualquier parte. Pertenecía a una familia alemana tan intensamente burguesa como intensamente respetable. Sabía adquirir y mantener con gran habilidad la amistad de los más insignes personajes. Cuando traducía del alemán una obra notable, sabía adaptar la musa germánica a las exigencias de la versificación rusa, sabía a quién dedicar su trabajo y sabía, en fin, explotar sus pretendidas relaciones amistosas con un célebre poeta ruso ya fallecido. Son muy numerosos los escritores que se proclaman, gustosos, amigos de otro y más grande escritor cuando la muerte de éste les impide desmentirlos. El escritor a que nos referimos había sido presentado poco antes a los Epanchin por la esposa del alto dignatario. Aquella dama tenía fama de proteger a los sabios y literatos, y, en realidad, había logrado hacer pensionar a dos o tres escritores mediante ciertos personajes influyentes que no podían negarle nada. Y ella era influyente también, a su modo. Mujer de cuarenta y cinco años, y por tanto más joven que su marido, había sido antaño muy bella, y a la sazón, por una manía frecuente en las damas de esa edad, tenía la de vestir deslumbrantemente. Su inteligencia era mediocre, y sus conocimientos literarios muy discutibles. Pero, así como la manía de vestir con lujo, tenía la de proteger a los escritores. Se le habían dedicado muchas obras y traducciones y dos o tres escritores habían publicado, con su autorización, cartas que le dirigieran sobre asuntos de la mayor importancia.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker