El idiota
El idiota —No me ha entendido usted. No he venido aquà para que disputemos, aunque reconozco que no la estimo. He venido para… para que hablemos como seres humanos. Cuando le pedà la entrevista, habÃa decidido ya de qué le hablarÃa y lo que habÃa de decir aun cuando usted no me comprendiese en absoluto. Ello será peor para usted, no para mÃ. Deseo contestarle en persona a lo que me decÃa en sus cartas, porque me parece más adecuado hacerlo asÃ. Escuche, pues, mi contestación: yo empecé por compadecer al prÃncipe León Nicolaievich desde el mismo dÃa en que le conocÃ, y más aún cuando supe lo que habÃa sucedido en casa de usted. Le compadecà porque es un hombre muy cándido y en su ingenuidad creyó posible ser feliz con… una mujer de semejante carácter. Lo que yo temÃa ha sucedido: usted no ha podido amarle, le ha hecho sufrir y al fin le ha abandonado. Y no puede amarle porque es usted demasiado orgullosa… Me engaño: no orgullosa, sino vanidosa… Y también esta expresión resulta inexacta. Es usted egoÃsta hasta la locura, y las cartas que me ha escrito lo demuestran. Ni le es posible amar a un hombre tan inocente como éste. Acaso, en el fondo, le desprecie y se burle de él. Usted no ama más que a su oprobio, la constante idea de que está usted deshonrada y de que hay una persona que tiene la culpa. Si su deshonra no fuera tan grande o se sintiera usted de pronto libre de ella, serÃa más infeliz.