El idiota
El idiota Después de efectuar la presentación de Varia a Nastasia Filipovna, Gania presentó ésta a su madre. En su turbación, el joven no se daba cuenta de lo que hacÃa. Nina Alejandrovna se mostró razonable, mas apenas habÃa empezado a hablar del «mucho placer», etc., la visitante, sin escucharla, interpeló repentinamente a Gania mientras se instalaba —aun cuando no se la habÃa invitado a tomar asiento— en un sofá de un rincón cercano a la ventana:
—¿Dónde tiene usted su despacho? Y… ¿y dónde están los huéspedes? Porque creo que ustedes alquilan habitaciones, ¿no?
Gania, enrojeciendo, tartamudeó una respuesta ininteligible.
—Pero ¿disponen de sitio para ellos? ¿Y no tiene usted despacho? —insistió Nastasia Filipovna—. ¿Qué? ¿Da buenas ganancias el negocio? —preguntó súbitamente a Nina Alejandrovna.
—Desde el momento en que uno acepta los naturales inconvenientes, es en espera de obtener algún beneficio —repuso la madre de Gania—. Pero nosotros acabamos de…
Nastasia Filipovna, como resuelta a no atenderla, dirigió los ojos a Gania, rompió a reÃr y dijo:
—¡Qué cara tiene usted! ¡Dios mÃo, qué aspecto presenta en este momento!