El idiota
El idiota En aquel instante se producÃa lo que habÃa sido su pesadilla durante dos meses, lo que le habÃa hecho estremecerse de horror y arder de vergüenza: el encuentro entre su padre y Nastasia Filipovna. Se habÃa, en ocasiones, torturado con la idea de pensar en su padre asistiendo a la boda, pero tanto le repugnaba semejante anticipado espectáculo, que inmediatamente lo alejaba de su pensamiento. Acaso exagerase mucho su desgracia. Pero asà les sucede siempre a los vanidosos. Durante los dos meses pasados, y en el curso de sus inquietas reflexiones, habÃase propuesto hacer desaparecer momentáneamente a su padre en aquella ocasión, costase lo que costara, incluso alejándole de San Petersburgo con el consentimiento de su madre o sin él. Diez minutos antes, al entrar Nastasia Filipovna, la turbación de Gania le habÃa impedido pensar en la posibilidad de que Ardalion Alejandrovich apareciese en escena, y en consecuencia no habÃa tomado medidas para evitarlo. Y he aquà que el general se presentaba ante todos, y para colmo se habÃa vestido de etiqueta, en el preciso momento en que Nastasia Filipovna sólo pensaba en el modo de cubrir de ridÃculo a su pretendiente o a su familia. Tal era al menos la persuasión de Gania. ¿Qué otro significado podÃa tener aquella visita? CabÃa preguntarse si Nastasia Filipovna habÃa venido para entablar amistad con su madre y hermana, o para afrentarlos en su propia casa; pero la actitud de ambas partes eliminaba toda duda. Nina Alejandrovna y su hija permanecÃan aparte, como gentes al margen de todo, y la visitante parecÃa haber olvidado incluso la presencia de ellas en la habitación. Y puesto que obraba asÃ, evidentemente no lo hacÃa sin alguna finalidad.