El idiota
El idiota Ferdychenko adueñóse del general y le presentó:
—Ardalion Alejandrovich Ivolguin —dijo el general muy solemne—, un soldado veterano caÃdo en desgracia y padre de una familia que ve con satisfacción la perspectiva de poder llegar a contar entre sus miembros una tan encantadora…
No concluyó. Ferdychenko se apresuró a acercarle una silla sobre la que Ardalion Alejandrovich se dejó caer pesadamente, ya que después de comer solÃa sentir siempre flojedad en las piernas. Pero esta circunstancia no le desconcertó. Sentado frente a Nastasia Filipovna, lentamente, con una galanterÃa exquisita llevóse a los labios los dedos de la visitante. Ardalion Alejandrovich no perdÃa el aplomo con facilidad. Aparte cierto descuido en la indumentaria, su apariencia era bastante correcta, y lo sabÃa muy bien. Por otra parte, habÃa vivido siempre en un ambiente muy distinguido y sólo desde hacÃa dos años o tres se hallaba excluido de la buena sociedad. A partir de entonces habÃase entregado a diversos excesos, pero conservaba su naturalidad y distinción de maneras. Nastasia Filipovna pareció muy complacida por la aparición de Ivolguin, de quien, desde luego, habÃa oÃdo hablar con anterioridad.
—He oÃdo decir que mi hijo… —principió él.