El idiota
El idiota —No, hija: me quedaré hasta el fin.
Nastasia Filipovna no pudo dejar de oÃr la pregunta y la respuesta, pero no le produjeron otro efecto sino el de ponerla de mejor humor. En seguida comenzó a abrumar a preguntas al general. Cinco minutos más tarde, Ardalion Alejandrovich peroraba en inmejorable disposición de ánimo entre carcajadas de los reunidos.
Kolia tiró de la manga al prÃncipe.
—¡Debe usted llevárselo de aquÃ, sea como fuere! ¡Se lo ruego! ¡Parece mentira! —Y en los ojos del pobre muchacho brillaban lágrimas de indignación—. ¡Maldito Gania! —agregó para sÃ.
El general seguÃa contestando con gran verbosidad a las preguntas de Nastasia Filipovna.
—He tenido, en efecto, mucha amistad con Ivan Fedorovich Epanchin. Él, yo y el difunto prÃncipe León Nicolaievich Michkin, a cuyo hijo he abrazado hace poco, después de no verle durante más de veinte años, éramos inseparables, una cosa asà como los tres mosqueteros: Athos, Porthos y Aramis. Pero ¡ay!, uno yace en la tumba, muerto por una calumnia y por una bala, otro se encuentra ante usted luchando también con las calumnias y las balas…
—¿Con las balas? —exclamó Nastasia Filipovna.